Mi Bodeguita del Medio

While my blog is named after a restaurant in Havana I hope to someday visit, here you will find musings, rants, political incorrectness, thoughts on Indian Nationalism, strong straight-forward opinions and tid-bits.

Saturday, December 23, 2006

Starting Over

I'm moving jobs, new base being Barcelona. This is the third time I am going away from home, to live in a new place, and start over again. Spain isn’t new as I lived there while doing my MBA. Funny enough, there are no butterflies in my stomach. Instead, a feeling of great relief and the anxiety to start over is slowly seeping in, and the hopes associated with starting one’s own life independently.

Before it starts getting complicated, let me tell you that my current home-base is Oman, more precisely Muscat, a 'capital city' that is little more than a village, carrying an air of Middle Eastern blended with South India and topped with a bit of Americanism; for which, nevertheless, I have ‘mucho cariño’ as I have spent majority of my life in this little Gulf country.

In reality, modern Oman is little more than 30 years old. My parents have been here for well over three decades now, and have seen it grow from a 3km radius to what it is today. The Sultan is a good guy. I wish the corrupt Indian politicians would learn something from him. Not that there is no corruption here, but everything is alright in moderation...alas, try explaining that to Lallu.

Coming back to moving away, once you have lived away from home for a few years and have then come back to live at home, it can be a very difficult adjustment. Don't ask me why I did it, twice!! (Mum - Dad, thats how much I love you!) I have dealt with this adjustment every time I return and stay longer than a couple of weeks. This time it has been over a year already and I am itching to be back in my querida España.

Thursday, December 7, 2006

¿Quién era Buda?

Estaba navegando por internet cuando me he cruzado con este artículo que creo que todo el mundo debería leer.

Cuando éramos jóvenes aprendíamos en el colegio Las Cuatro Nobles Verdades (The Four Noble Truths), y El Óctuple Sendero (The Eight fold Path). Pero no acabábamos de comprender la profundidad de lo que Buddha quería que supieramos. Ahora que tengo 26 años, empiezo a entender cosas que entonces solo memorizaba sin darme cuenta de significativo y veo ahora lo mucho que nos puede ayudar, si conseguimos incorporar las enseñanzas en nuestras vidas cotidianas.

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Nadie le entregó a Buda las Cuatro Nobles Verdades, sino que las descubrió por sí mismo, del mismo modo que tú y yo debemos hacerlo. Aunque su vida fue única en muchos aspectos, sufrió y deseó la felicidad perdurable, al igual que cualquier otro ser humano.

Nacido como un príncipe, Buda vivió una vida de grandes lujos durante sus primeros dieciocho años. Estaba rodeado de belleza, abundancia, amor y comodidades. Aunque no tuviera las comodidades y lujos modernos a los que muchos de nosotros estamos acostumbrados, tenía el futuro asegurado. Cualquier deseo suyo era satisfecho, cualquier placer que deseara era colmado.

A pesar de estas comodidades y placeres externos, el joven se sentía vacío y anhelaba un sentimiento de plenitud que el placer era incapaz de colmar; de modo que Buda abandonó su vida principesca para buscar una felicidad más duradera.

Entonces, Buda hizo lo que tú y yo hemos hecho tantas veces, se fue al extremo opuesto. En lugar de satisfacer todos sus caprichos, llevó una vida de privaciones. Adelgazó tanto que si se apretaba el ombligo con el dedo podía tocar su columna. Después de seguir una vida austera durante seis años, la abandonó. Descubrió que su abnegada existencia sólo conseguía debilitar su cuerpo y su mente. Su sed de paz interior no se saciaba ni con el extremo de los excesos ni con el de las privaciones. Sin embargo, su problema de cómo hallar la felicidad duradera y la plenitud emocional seguía sin resolverse.

El Camino Medio
Al contrario que tú y yo, Buda no osciló entre el extremo de los excesos (placer) y el de las privaciones (dolor). Descubrió que ambos extremos eran un sendero doloroso e infructuoso. Aunque vivió algunos momentos maravillosos, no colmaron completamente su deseo de paz y seguridad duraderas. Probablemente, tú debes haber experimentado también momentos deliciosos (una comida estupenda, un sexo fabuloso, vacaciones maravillosas). Pero cuando se acaba, se acaba, y descubres que sólo se trata de una felicidad temporal y circunstancial: depende de factores externos a ti.

En vez de buscar en alguna otra parte, Buda decidió seguir el Camino Medio y centrarse en el momento presente, en lugar de buscar soluciones extremas en el exterior. Dirigió la atención a su interior y examinó atentamente aquello que ocurría en su cuerpo y en su mente.

Buda se sentó al pie de un árbol bodhi. Decidió no levantarse hasta liberarse de la sed que buscaba saciarse en el lugar equivocado. Durante la noche, legiones de deseos, lujuria, placer, dolor, agresividad, miedo, tentación, frustración, odio y duda intentaron apartarle de su meta, pero permaneció impasible. Cuanto más tiempo meditaba, más intensas y exigentes se volvían esas fuerzas.

Imagina que, mientras meditas bajo un árbol, eres tentado por tus visiones, sabores, olores y sonidos favoritos, y atacado ferozmente por lo que más odias y encuentras insoportablemente repulsivo. Imagina que meditas allí hora tras hora, después de haber decidido no levantarte hasta tener la absoluta certeza de haber descubierto la clave de la felicidad. Eso es lo que Buda hizo exactamente la noche de su iluminación.

Visto desde fuera, no podía notarse de qué modo Buda respondía a esas fuerzas; todo cuanto se veía era que permanecía sentado en aquel lugar. Pero lo que hizo en su interior fue extraordinario. Centró su atención en lo que ocurría, pero sin reaccionar ante ello. A veces, las fuerzas del deseo se volvieron tan intensas que Buda tuvo que tocar la tierra como testigo y para recibir apoyo. A pesar de lo que apareciera, desde lo más celestial a lo más demoníaco, se limitó a meditar en silencio y a observarlo. No se apegó a los goces ni rechazó las cosas desagradables. Observó cómo seguían su ciclo natural surgiendo y desapareciendo sin interferir en ello. Lo que descubrió era sencillo y, a la vez, profundo. Cuando no se apegaba al placer ni rechazaba el dolor, veía que sus atacantes perdían su poder. Así es como logró vencer esas fuerzas.

Al observar profundamente su interior, Buda liberó su mente de la tiranía del deseo. Tú también puedes alcanzar esta libertad si observas tu interior. Lo que Buda vio y aprendió aquella noche podemos lograrlo tú y yo lo mismo que él. Halló la plenitud que buscaba, pero gracias al esfuerzo y a la honestidad. Antes de alcanzar la iluminación y liberarse del sufrimiento, había muchas cosas que debía afrontar y aprender.

Descubrió la vida de desdicha que había creado con la falsa idea básica de que el placer puede durar y el dolor, evitarse. Nos lastimamos a nosotros y a los demás una y otra vez al aferrarnos a las experiencias cambiantes, como nuestro cuerpo y nuestras relaciones. Es inevitable que experimentemos cierto sufrimiento, porque las pérdidas y los cambios forman parte de la vida de todos; sin embargo, mucho del sufrimiento que padecemos es opcional. Lo creamos al resistirnos al momento presente y no aceptar que todo cuanto existe está destinado a cambiar, mutar y desaparecer, nos guste o no. En realidad, no hay nada que deba causarnos atracción o rechazo. Cuando observas atentamente cada momento, descubres que cosas tan opuestas como el placer y el dolor, o el hecho de ganar o perder, tienen sus ventajas y desventajas.

Las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Sendero te enseñan cómo hallar la paz en medio de los desafíos y cambios que siempre están presentes. Muestran cómo desprenderse del apego al placer y del miedo al dolor, para poder disfrutar de la situación que vives, sea la que fuere, sabiendo que tarde o temprano va a cambiar. Cuando aplicas esas enseñanzas y sugerencias de un modo consciente, aprendes a aceptar la verdad de cada momento con elegancia, sin luchar. Así es como hallas alimento espiritual en los lugares en que puedes encontrarlo. Esto es pura y simplemente tu desafío y tu práctica.

Los Excesos, las Privaciones y el Camino Medio
Buda comparó el Camino Medio y las Cuatro Nobles Verdades con un tronco que se desliza flotando por un río. Una de las orillas representa los excesos y la otra, las privaciones. Mientras el tronco se desliza por el río, evita ambos extremos. Si se queda atrapado en cualquiera de ellos, el tronco se hunde o se pudre.

Depende de cada individuo el reconocer esos extremos, igual que lo hizo Buda en la noche de su iluminación. Observó y contempló lo que aparecía ante él, fuera lo que fuese. No se dejó seducir por los placeres ni se dejó traicionar por el dolor, porque se mantuvo centrado en el momento presente, sin apegarse o aferrarse a nada. Debes tener en cuenta que Buda nunca dijo: "La extinción del sufrimiento es fácil", sino "La extinción del sufrimiento es posible". Aprendiendo a observar tu interior y llevando una vida bondadosa e íntegra, libre de apegos, puedes alcanzar las Cuatro Nobles Verdades tal como Buda lo logró hace 2.500 años. Los logros y cambios que éstas generan dan mayor satisfacción que cualquier otra cosa que puedas vivir.

Nadie puede practicar o aplicar la sabiduría de las Cuatro Nobles Verdades por ti. Eres el único que puede experimentar el poder y la posibilidad que encierran la visión clara y la práctica. Por eso, Buda insistió en que: "No creas ciegamente lo que dicen los demás. Averigua por ti mismo qué es lo que te aporta claridad y paz. Ése es el camino que debes seguir".

Las Cuatro Nobles Verdades
El sufrimiento existe. La Primera Noble Verdad reconoce que la vida es básicamente insatisfactoria, porque es frágil. Nada dura eternamente. Tu apariencia, títulos o posesiones no pueden darte una felicidad duradera, porque la "realidad" siempre está cambiando.

La causa del sufrimiento es el apego al deseo. La Segunda Noble Verdad reconoce que la causa del sufrimiento es la tendencia equivocada a apegarse al placer y a rechazar el dolor. Pero cuanto más te apegues (o rechaces), más sufrirás y más infeliz te sentirás. La avidez emocional se vuelve más intensa y dolorosa cuanto más luches contra ella.

El sufrimiento cesa al dejar de apegarte al deseo. La Tercera Noble Verdad reconoce que es posible liberarse del sufrimiento. La alcanzas dejando de apegarte al deseo que te ata al hábito inútil de buscar felicidad donde no puedes encontrarla. Lo que sacia tu avidez no es apegarte a lo placentero o rechazar lo que no lo es, sino ser consciente de lo que ocurre y vivir libre de apegos.

El Noble Óctuple Sendero indica cómo desapegarse y poner fin al sufrimiento. La Cuarta Noble Verdad contiene las reglas para el alimento emocional que ofrece una satisfacción duradera. Las habilidades y cualidades que aprendes en este camino son el alimento para el corazón, al que Buda se refería al decir que esta clase de comida duraba eternamente.

El Óctuple Sendero

¿Cuál es la Noble Verdad del Sendero que conduce a la extinción del sufrimiento? El Noble Óctuple Sendero conduce a la extinción del sufrimiento.
-BUDA

La Cuarta Noble Verdad es una nueva serie de instrucciones para poder abandonar el sufrimiento y experimentar la serenidad emocional. Consiste en ocho acciones conocidas como el Óctuple Sendero. Éste explica las diversas formas creativas de desapego y de cómo experimentar plenitud. El Óctuple Sendero se denomina también el Camino Medio, porque evita los extremos de los excesos y las privaciones, que desencadenan la avidez emocional en tu interior. Es útil considerar cada acción como una receta para alimentar tu corazón.

Los senderos del Óctuple Sendero son los siguientes:

Comprensión Correcta

Aspiración Correcta

Lenguaje Correcto

Conducta Correcta

Medio de Vida Correcto

Esfuerzo Correcto

Atención Correcta

Meditación Correcta

Quizás te preguntes por qué aparece la palabra "Correcto/a" en cada acción. "Correcto" es la traducción usual de la palabra samma, en idioma pali, que es la lengua de Buda. Este vocablo indica determinadas conductas que pueden conducir a la paz o al sufrimiento. Por ejemplo, decir la verdad (Lenguaje Correcto) y sentir gratitud (Conducta Correcta) ayudan a crear la paz en tu interior y en el mundo, mientras que mentir y ser egoísta contribuyen a crear el conflicto interior y exterior. Es decir, el Óctuple Sendero te señala la dirección correcta: te conduce hacia la plenitud y te aleja del dolor.

La Toma de Conciencia
La toma de conciencia es la base del Óctuple Sendero. Como ya he mencionado anteriormente, el hecho de ser consciente se conoce como la medicina que cura la enfermedad del deseo. Cuando estás atento a la verdad de cada momento (mientras compras, cocinas, comes o bailas), esta atención concentrada te hace disminuir tu ritmo lo suficiente como para que puedas examinar tus hábitos.

Para alimentar tu corazón, has de practicar esas reglas. No se proponen para que las pruebes una vez, sino para que te comprometas a seguirlas durante toda la vida. Siempre puedes descubrir cosas nuevas y experimentar con ellas. Practicar el Esfuerzo Correcto en un momento dado será completamente distinto de hacerlo en otro, de modo que siempre tienes una nueva oportunidad para aplicar tu esfuerzo.

Como todos los senderos están relacionados, al practicar uno en realidad los estás practicando todos. Por ejemplo, cuando practicas la Conducta Correcta, practicas también el Medio de Vida Correcto, lo cual implica además practicar el Lenguaje Correcto. Cada uno está contenido en los demás. Al margen de la regla que practiques o del orden en que lo hagas, siempre puedes hallar el sufrimiento, su causa y la forma de ponerle fin.

Muchos grandes maestros han comparado el Óctuple Sendero con leer un libro de cocina, practicar la senda de cocinar alimentos y alcanzar la paz de conocer el sabor de la comida. Si te limitas a leer las recetas sin ponerlas en práctica, sabrás sobre pepinos, cebollas y ajos, pero nunca conocerás su sabor. De modo que, por favor, disfruta y date el festín con un alimento duradero que sólo puedes recibir a través de esta práctica. ***

Monday, November 27, 2006

Dangerous Riders

Strange things happen. Sometimes something you've known for ages but never said out loud, finds a way to come out of your head, in a bang, because you've had enough. You've reached the limit.

Lately, Oman has become a stressful place to drive in. People don't seem to have patience. Everybody is in a rush to get somewhere. Its amazing to see how people shamelessly cut into lines on the road when its clear that everyone is stuck and everyone has something urgent to do and somewhere to go.

This afternoon, I was driving my mum to the mechanic's to pick up her car. It had been raining all afternoon, the streets were wet. After seeing my car approaching, an Omani pulled up, and cut in right in front of me from the right. For the umpteenth time in the day I screeched to a halt and saved what would have been an inevitable accident. This is when I said it out loud. Omanis are the worst drivers around.

There are reports to back my claim up. Apparantly more children die on Omani roads per capita than any other country. I'm not surprised at all.

There - I've said it. And it feels good.